¿Seguimos en déficit hídrico en los caudales de las cuencas de Chile? (MundoAgro)

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Si bien desde el 2010 a la fecha, la zona central del país estaba viviendo un periodo de megasequía, el año 2024 ha sido atípico frente a lo que se venía desarrollando hasta ahora. Juan Pablo Boisier, investigador de CR2 y académico del departamento de Geofísica de la Universidad de Chile, analiza el escenario actual.

El último índice que monitorea el déficit hídrico en los caudales de las cuencas de Chile, elaborado por el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia CR2, señala que desde el año 2010 la zona central de Chile se encuentra en un periodo de megasequía, debido tanto a la variabilidad natural como al cambio climático antropogénico. Esta condición de menores precipitaciones junto a un mayor uso del agua han generado un estrés hídrico alto o extremo en la mayoría de las cuencas entre los ríos Elqui y Rapel, lo que ha disminuido la disponibilidad de agua.

Frente a los nuevos sucesos de lluvia y agua caída en este periodo de otoño-invierno, Mundoagro conversó con el investigador de CR2 y académico del departamento de Geofísica de la Universidad de Chile, Juan Pablo Boisier, para conocer si el actual escenario modifica de alguna manera el escenario de déficit hídrico que presenta el país.

—En el último reporte de Índices de sequía para monitorear el déficit hídrico en los caudales de las cuencas de Chile, se comenta sobre periodo de megasequía que está viviendo Chile desde el 2010, ¿cómo se ha mantenido esa condición?

—En general, los caudales no muy intervenidos reflejan la condición de sequía o superávit de una región, en particular de las zonas cordilleranas con mayor acumulación de precipitación. Así, los caudales de la zona central se han mantenido bajo lo normal durante la última década y algo más producto de la megasequía. En una segunda aproximación, las cuencas pueden tener tiempos de respuesta más largos y por lo tanto mostrar una “memoria hidrológica”, que puede reflejar niveles de caudales mayores o mayores, producto de superávit o déficit de precipitación de años anteriores.

—¿En qué cambia esta condición con los últimos periodos de lluvia que hemos estado viviendo, principalmente desde la zona central hacia el sur?

—El 2024 ha sido un año muy atípico respecto de lo que se viene experimentando hace algo más de una década, rompiendo el tándem de varios años con déficit de precipitación en la zona central. Llevamos menos de la mitad del invierno y ya se alcanzó la acumulación de un año normal en Santiago. En ese sentido, podemos esperar que los flujos base de los caudales de este año (no las crecidas asociadas a un evento de precipitación) debiesen volver a niveles previos a la megasequía o eventualmente mostrar niveles mayores si sigue lloviendo en lo que queda del invierno y primavera. Esto debiese manifestarse rápidamente en los ríos de cuencas pluviales (sin mucha acumulación de nieve), y durante la primavera y verano en cuencas nivales como el Maipo alto.

—¿Qué es lo que más dificulta el monitoreo de la cantidad de agua que circula en los ríos de las principales cuencas de Chile?

—Afortunadamente en Chile tenemos una buena red de monitoreo de caudales. El problema mayor es la forma en que la Dirección General de Aguas (DGA) pone a disposición esa información para el acceso y análisis de terceros (ej. centros de investigación u otros servicios del Estado). El acceso a los registros de caudales y de otras variables observadas sigue siendo muy limitado considerando las capacidades y herramientas actuales.

En este sentido, el CR2 en su último reporte señala que es necesario contar con instrumentos que permitan monitorear la sequía que afecta a los ríos de Chile, y uno de estos es el uso de los denominados “índices de sequía”. Sin embargo, hoy en día existe una gran variedad de estos índices y no se ha alcanzado un consenso sobre cuáles son los más adecuados para monitorear la disponibilidad de agua en los ríos de las principales cuencas del país.

—¿Cuáles son las recomendaciones que hace el CR2 al respecto? ¡En qué se deben enfocar los esfuerzos para tener datos que permitan tomar decisiones respecto al déficit hídrico de los caudales del país?

—En primera instancia, se recomienda una puesta al día de la plataforma de acceso a los datos, en particular para poder acceder al conjunto de observaciones puestos al día (no mediante una consulta manual por estación de monitoreo). En segunda instancia, se recomienda el desarrollo de exploradores de datos y monitores a tiempo real más amigables.

Monitoreo del agua que circula en los ríos

En este sentido, y añadiendo información para la toma de decisiones, el informe de CR2 indica que un artículo científico publicado en la revista Hydrology and Earth System Sciences intentó identificar un índice de sequía que sea adecuado para monitorear la cantidad de agua que circula en los ríos de las principales cuencas de Chile, para así poder elaborar estrategias proactivas de mitigación y gestión que permitan reducir el impacto de la sequía en la población y los ecosistemas. Esto, considerando que el monitoreo se ve dificultado por la existencia relativamente reducida de estaciones de control fluviométrico.

El estudio seleccionó cien cuencas del país que cuentan con datos de caudales y que tienen una mínima intervención humana, por ejemplo, que no contaran con represas, que menos del 10 % de sus caudales fuese para consumo, con baja extracción para su uso en riego y con menos del 20 % de su área cubierta por plantaciones forestales. Además, las cuencas seleccionadas varían en tamaño, elevación, tipo de cobertura de suelo, aridez y régimen de precipitación anual.

Respecto del régimen hidrológico de cada zona de estudio, se seleccionaron 16 cuencas donde su principal fuente de agua es la nieve (nivales), 25 cuencas alimentadas principalmente por nieve y con una menor contribución de lluvia (nivo-pluviales), 40 cuencas cuya principal fuente de agua es la lluvia y con un aporte menor de nieve (pluvio-nivales), y 19 cuencas alimentadas principalmente por lluvia (pluviales).

En cada una de estas cuencas se utilizó el índice estandarizado de caudales (SSI, por sus siglas en inglés) como representativo de la sequía que afecta a los ríos. Además, se utilizaron otros cuatro índices de sequía que tienen como base aquellos datos que cuentan con una mayor disponibilidad que solo los de caudales: Índice de precipitación estandarizado (SPI), índice estandarizado de precipitación y evapotranspiración (SPEI), índice estandarizado empírico de humedad del suelo (ESSMI), y el índice estandarizado de equivalente de agua de nieve (SWEI). Estos cuatro índices se compararon con el índice SSI para identificar cuál se aproximaba más a los valores de este último índice de caudales, con el objetivo de identificar el índice o índices a utilizar en cuencas que no cuentan con datos de caudal. Todas las estimaciones se desarrollaron para los años comprendidos entre 1979 y 2020.

Resultados

Uno de los principales resultados es que no existe un único índice de sequía cuyo uso pueda ser recomendado para caracterizar y monitorear adecuadamente los caudales en las cuencas de Chile, debido a la variabilidad espacial y temporal que presentan las precipitaciones, la nieve y la humedad del suelo en el territorio.

En este sentido, el régimen hidrológico de las cuencas influye en el tipo de índice de sequía que debe ser utilizado para monitorear adecuadamente los caudales y la acumulación temporal más apropiada.

Para evaluar la influencia de la nieve en la sequía de caudales este estudio consideró el índice estandarizado de equivalente de agua de nieve (SWEI). Sin embargo, para futuros estudios CR2 recomienda utilizar el índice estandarizado de deshielo y lluvia (SMRI), el cual requiere la implementación y calibración de un modelo capaz de representar los procesos nivales en las cuencas objetivo, y ha sido ampliamente utilizado como un complemento al SPI debido a que además del déficit de precipitación considera el déficit de agua proveniente del derretimiento de nieve. | Leer en MundoAgro.