Cambio climático: eventos extremos que golpearon Europa y los récords de temperatura en EE.UU. amenazan América del Sur (El Mostrador)

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Tras las devastadoras inundaciones registradas en Europa occidental, que causaron cientos de víctimas y miles de evacuados, la vocera de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Clare Nullis, anunció hace algunas semanas desde Ginebra, Suiza, que hacía rato que el tiempo se acabó y que ahora es indispensable que se «intensifique la acción climática». Los eventos extremos golpean con igual intensidad diversas latitudes, como lo demuestra la tormenta que azotó a la ciudad china de Zhengzhou el 19 de julio pasado, donde cayeron 624 mm de lluvia, el equivalente a la precipitación de un año entero, o los más de 1.200 récords de temperatura que fueron batidos en un solo día en Estados Unidos, a fines de junio. Nevazones, deslizamientos e inundaciones han aumentado en tal grado su frecuencia, que desde la Universidad de Concepción un grupo de académicos y científicos advierte, con preocupación y desde una mirada multidisciplinaria, que nada impide que lo visto en Asia y Europa se repita en América del Sur.

En países de distintos continentes, como India y China, por el lado de Asia, y Alemania, Bélgica e Italia, por Europa, han venido ocurriendo últimamente diversos fenómenos climáticos extremos y de riesgo geológico, derivados de los efectos del cambio climático a nivel global. Nevazones, deslizamientos e inundaciones han aumentado en tal grado su frecuencia en las  latitudes mencionadas, que un grupo de académicos y científicos de la Universidad de Concepción (UdeC) advierte, con preocupación y desde una mirada multidisciplinaria, que nada impide que lo visto en Asia y Europa se repita en América del Sur.

Razón suficiente para tomar en serio las advertencias de la vocera de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Clare Nullis, que subrayó que era indispensable que se «intensifique la acción climática».

Martín Jacques Coper, académico del Departamento de Geofísica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas UdeC, advierte que “los montos de precipitación en los eventos de Europa superaron los 150 mm en 24 horas. Esto es muchísimo en comparación con los 90 mm que suelen caer en todo el mes de julio en esa zona, donde, sin embargo, las lluvias de verano son esperables”.

En cuanto a qué tan extrapolable es esta situación a nuestro país, el también investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia, (CR)2, explicó que, si bien las fuentes de humedad que generan estas lluvias intensas son diferentes en Europa y en Chile, los eventos sí son comparables.

«En nuestro país, la humedad suele provenir del Océano Pacífico. En Chile se han registrado precipitaciones comparables e incluso superiores a los eventos en Alemania y Bélgica. Ahora, lo que puede marcar una gran diferencia entre eventos extremos es la intensidad horaria: considerando sus consecuencias en el entorno natural, la sociedad y la infraestructura, no es lo mismo que estos montos tan pronunciados se distribuyan en 24 horas o en pocas horas, como fue el caso de los eventos de Alemania y Bélgica. Estos últimos son mucho más destructivos”, afirmó.

Jacques Coper destacó que estos episodios de muy alta precipitación han sucedido históricamente. “Tenemos registros instrumentales de algunos de ellos; de otros tenemos registros indirectos, como relatos documentales de sus consecuencias. Como se trata de eventos extremos, por definición, ocurren en pocas ocasiones y, entonces, es difícil caracterizarlos estadísticamente. Por lo tanto, la atribución de estos eventos extremos al cambio climático de origen antrópico es un asunto de gran interés para la investigación”. Sin embargo, dado que la atmósfera es cada vez más cálida, se esperarían más precipitaciones de este tipo.

“El calentamiento global es una realidad y es consecuencia de las emisiones históricas de gases de efecto invernadero (GEI) durante un periodo muy prolongado. Aún podemos mitigar estos efectos, en la medida que haya un compromiso global de la humanidad con esta causa, que implica reducir radicalmente las emisiones de GEI”, puntualizó el académico.

El valor de los humedales como protección

Para el Dr. Ricardo Barra Ríos, director del Centro de Ciencias Ambientales Eula-Chile, en la implementación de medidas de prevención de estos desastres radica toda la diferencia. “Una de las cosas que aprendemos de la experiencia europea en esto es que, a pesar de los recursos que ellos disponen, sigue habiendo problemas de planificación”.

El investigador puntualizó que el diseño de las ciudades sostenibles está en el eje de cómo adaptarse a estos eventos climáticos. Es fundamental preparar las ciudades sensibles, dar espacio a sistemas que puedan ser “esponjas de agua”. “Por eso, por lo menos en lo que concierne a nuestra región, la conservación y protección de los humedales es fundamental; estos sistemas naturales que nos previenen de muchas crecidas y, además, de efectos que son muy dañinos, porque los humedales son por esencia sistemas que purifican el agua. Más áreas para la naturaleza en los espacios urbanos es fundamental y eso, sin duda, tiene que ver mucho con la planificación y la sostenibilidad de las ciudades del futuro”, aseguró Barra.

En ello coincide con el Dr. Eduardo Peña Fernández, jefe de carrera de Ingeniería en Conservación de Recursos Naturales de la Facultad de Ciencias Forestales de la UdeC: “Los humedales antes se veían y se siguen viendo como terreno perdido y se rellenan, se eliminan. Pero son importantísimos para regular el exceso de precipitación”. El especialista insiste en la necesidad de aumentar los sistemas de evacuación de agua, para evitar colapsos frente a precipitaciones menores, como en Santiago. “Tenemos que recuperar la vegetación, que tiene la capacidad de interceptar la lluvia y retenerla en el suelo que tiene mayor contenido de materia orgánica”, señaló.

El investigador destacó que, en cuanto a la morfología de los ríos, a medida que se van acercando a su desembocadura, entran al plano de equilibrio, en donde van formando curvas, expandiéndose y generando las zonas de humedales y amortiguación de inundaciones. “Pero los seres humanos los hemos usado para construir. Esto provoca que toda esa zona ancha, donde el agua antes se expandía, ya no existe y, entonces, tiene que escurrir superficialmente y se provocan las inundaciones río abajo, como ocurrió en Collao en el año 2006. Entonces, hay que promover también de qué manera la ciudad en sí puede infiltrar más agua”, indicó.

Por su parte, el Dr. Francisco de la Barrera Melgarejo, académico del Departamento de Geografía de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Geografía de la misma casa de estudios, mencionó que los eventos de Alemania se explican en parte por el hecho de que se produjeron “en una latitud donde las precipitaciones son muy abundantes. En Chile se podría dar algo similar, en las latitudes donde está Valdivia, por ejemplo, y hay que considerar que, mientras mayor tiempo pase sin precipitaciones, es más probable que haya un evento muy masivo”.

Una vez más, el experto enfatizó el rol de los humedales: “En las zonas urbanas”, continuó el investigador, “lo más importante es resguardar la zona de ribera de los ríos y la zona de inundación que es, justamente, donde están los humedales. Es decir, resguardando los humedales que están en las zonas urbanas, podemos prevenir de forma importante los eventos de inundación, porque los humedales logran detener ese efecto negativo”.

Anticipación, planificación y educación

El desafío, a juicio del Dr. Barra, es la adaptación. Adelanta que hacia 2025 el 90% de la población chilena va a vivir en sistemas urbanos, por lo que es fundamental diseñar cómo crecerán, sin hacerlo a expensas de ecosistemas valiosos como los humedales. “Hay que generar infraestructura verde que permita conectar todos estos sistemas naturales, como la ribera del río Biobío, el parque Caracol y el Parque Nacional Nonguén, para adecuarnos a los tiempos que estamos viviendo, y que nos van a proteger de muchos fenómenos adversos que estamos observando con creciente preocupación”.

El investigador apuntó a la pérdida de infraestructura en Alemania y Bélgica. Al restaurar trenes, carreteras, etcétera, se necesitará considerar aspectos de planificación. “La planificación del territorio es fundamental: un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar, de manera de cautelar los distintos usos que tiene el territorio, y de prepararnos y adaptarnos ante todo escenario climático adverso, para evitar pérdidas humanas y los costos económicos que trae aparejado este tipo de eventos”.

Por su parte, el Dr. Jacques Coper destacó que ya ha sido comentado por especialistas en los medios la necesidad de revisar los planes territoriales, particularmente los de regulación urbana. “En el caso de las precipitaciones intensas de Alemania, hubo alrededor de 200 muertes, a pesar de que solemos tener la noción de que dichos planes son exigentes en Europa. En Altenahr, una de las localidades más afectadas en Alemania, ocurrió la reactivación e inundación de un meandro abandonado de un río, cuyo caudal creció de forma extrema. Así, se subestimaron las estimaciones de amenaza (montos de intensidad de precipitación fuera de los rangos esperables) y exposición (ubicación de la localidad en un lugar que podía verse afectado por un incremento de caudal)”.

“Ambos factores”, detalló el científico, “influyen en el nivel de riesgo y, por lo tanto, del impacto de este tipo de eventos extremos. Las estimaciones basadas en registros históricos relativamente breves parecen no cubrir el rango completo de eventos extremos. Por ello, urge no subestimar riesgos, si además estamos forzando el sistema climático hacia condiciones que no conocemos”.

Al mismo tiempo, el Dr. De la Barrera, investigador también del Centro de Desarrollo Urbano Sostenible, Cedeus, estimó que, para decidir el emplazamiento de la infraestructura crítica, se debe generar “una mejora en las estaciones de medición meteorológica, para tener mejor pronóstico meteorológico y evitar daños sobre la población, en primer lugar, y en segundo lugar, sobre la infraestructura crítica, es decir, aquella que tiene que seguir funcionando siempre”.

En ese sentido, De la Barrera recalcó que es posible prevenir, sobre todo, si se realiza una buena gestión de la cuenca y de los lechos de los ríos: “Es relevante cómo se gestionan los ríos aguas arriba, es decir, más arriba de donde está construida la ciudad, porque es ahí donde tienen que estar todos los sistemas naturales de ralentización del agua para que no se salga de su cauce”.

Para el ingeniero forestal, Dr. Eduardo Peña, es vital educar a la población sobre estas temáticas, porque solo así se lograrán proteger. Un ejemplo de ello es el caso de los incendios forestales. “Con un estudiante de Angola, evaluamos las zonas que se quemaron en Quillón y Florida el 2012 y el 2017, para ver si la gente había tomado recaudos, si había tenido un aprendizaje. Encontramos que el 30% de las casas estaban en condiciones de no volver a ser arrasadas por el fuego, porque habían recibido capacitación al respecto, ya sea de las municipalidades, Conaf o de una empresa forestal. La gente entendió y ha hecho lo necesario. Entonces, se requiere que haya un convencimiento y que la gente aprenda, se capacite en conocer los problemas que amenazan a su comunidad”.

Análisis normativo y nueva institucionalidad

La abogada Verónica Delgado Schneider, académica del Departamento de Derecho Económico de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Concepción, puntualizó que “nuestro país, siguiendo la tendencia mundial, viene experimentando un fuerte proceso de urbanización, que transforma a las ciudades en importantes generadoras de emisiones atmosféricas. A ello, se suma que Chile reúne 7 de los 9 indicadores de vulnerabilidad ante el cambio climático, que producen eventos como aumentos del nivel del mar, inundaciones y deslizamientos, islas de calor y confort térmico, acceso a agua, incendios, que ya hemos experimentado, y en estos días vemos que en otros países también los están sufriendo”.

A su juicio, efectuar un ordenamiento territorial es la clave, aunque apunta que la actual Ley General de Urbanismo y Construcciones no incluye alternativas para incorporar riesgos asociados a cambio climático. En este sentido, la abogada aclara que en el Congreso se tramita un proyecto de ley marco de cambio climático, que impulsará al Estado a desarrollar planes sectoriales de adaptación. “Como, por ejemplo, sobre ciudades, que será de cargo del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, o el plan sectorial sobre recursos hídricos, cuyo objeto será establecer instrumentos e incentivos para promover la resiliencia ante los efectos adversos del cambio climático sobre los recursos hídricos, tales como la sequía, inundación y pérdida de calidad de las aguas, velando por la prioridad del consumo humano, de subsistencia y saneamiento”, detalló.

Esa no es la única norma donde Chile ha dado algunos pasos. La Ley de Responsabilidad Extendida del Productor, promulgada en 2016, busca asumir aspectos hoy ausentes, como el manejo de residuos domiciliarios de tipo orgánico, que contribuyen a la generación de gases como el metano. “En todas estas iniciativas legales”, precisó la Dra. Delgado, “es importante que opere de manera transversal el principio precautorio, que nos invita a tomar medidas anticipatorias al riesgo, aun cuando exista incerteza científica sobre los efectos de un fenómeno riesgoso”.

Este es un giro en la forma en que la ciencia impone medidas preventivas. Antes, cuando no existían certezas de los efectos que una actividad o una sustancia tenían sobre los ecosistemas o la salud de las personas, no correspondía imponer una medida preventiva de protección que pudiera implicar prohibiciones o restricciones equivocadas en desmedro de la economía. “Esto cambia y se impone un deber de precaución”, destacó Delgado, “pues tanto la falta de certeza (un riesgo razonable) como los bienes superiores en juego, obligan a tomar medidas que el conocimiento y el tiempo se encargarán de develar después, sea calificándolas como exageradas (debiendo eliminarse) o, bien, como aquellas que evitaron muertes, enfermedades o daños”.

“El actual debate constitucional”, sostuvo la abogada, “nos debería llevar a entregar más competencias a organismos que ya están creados, como los Comités Regionales de Cambio Climático o a las municipalidades, pues no solo permitiendo mayor participación ciudadana nuestras alternativas para enfrentar el cambio climático serán mejores, sino también descentralizando funciones a favor de quienes son afectados por peligros ocasionados por el cambio climático”.

Hacia un Chile preparado y resiliente

“Una de las cosas que aprendemos de la experiencia europea en esto es que, a pesar de los recursos de los que ellos disponen, sigue habiendo problemas de planificación”, apuntó el Dr. Ricardo Barra Ríos. Coincide con él Francisco De la Barrera, quien estima clave que se deben preservar los ecosistemas naturales. “Debido al cambio climático, hay que ponerse ante la peor situación posible y resguardar el espacio público, sobre todo en los frentes donde hay más riesgo de que impacten los desastres, que son los bordes de los ríos, las laderas empinadas de los cerros, el borde costero. Ahí es donde necesitamos tener a la naturaleza en su mejor estado posible, porque ella es capaz de diluir estos efectos negativos, puede resistir de mejor manera”.

Una afirmación que el Dr. Peña respalda con cifras: “La vegetación recibe la radiación y absorbe un 80%, no genera calor, entonces, regula la temperatura en la tierra. Pero nosotros ya hemos eliminado el 50% de la vegetación, habilitando la tierra como terreno agrícola, ganadero y urbano. Además, las ciudades son cada vez más grandes y tienen cada vez más suelo descubierto, que irradia más energía. Si eso se suma al incremento de gases de efecto invernadero, mayor cantidad de energía queda retenida en la Tierra y genera un desbalance energético que hace que los eventos climáticos sean cada vez más extremos y de mayor severidad de daño”. El panorama, aunque negativo, puede revertirse, según el académico, quien enfatizó la importancia de la reforestación para combatir el calentamiento global. “Hay que empezar a restaurar mucho bosque, estamos muy al borde, pero creo que hay esperanza. Chile se ha comprometido en restaurar más de un millón de hectáreas de bosques nativos”, detalló.

En ese sentido, evitar incendios forestales se torna una prioridad. La Dra. Delgado recalcó que los incendios se presentan también en zonas de transición entre ciudades y áreas rurales, por lo que existe un proyecto de ley que busca la creación de zonas de transición entre lo urbano y lo rural, con restricciones específicas que pueden ser útiles para combatir la propagación de los incendios. Pero falta abordar otros aspectos relacionados: “Si las ciudades crecen, las personas deberán recorrer más distancia, por lo que la movilidad también se ha transformado en un tema importante para mitigar los efectos del cambio climático. En esta línea, desde el (CR)2 hemos visto que este tema de la movilidad carece de un organismo estatal que planifique y regule, pese a que el Ministerio de Transportes ha realizado algunas iniciativas de interés”. Y agregó: “Me parece que todos los proyectos de ley, instrumentos o políticas que nazcan de ahora en adelante deberían considerar el principio precautorio, además de otros, como no regresión ambiental y justicia ambiental”.

La comunicación y la educación, en la mirada del Dr. Martín Jacques Coper, no pueden ser dejadas de lado. “En los fenómenos observados, cabe destacar además otro factor: la comunicación efectiva a la población. A pesar de que los modelos computacionales y los servicios meteorológicos pronosticaron de manera correcta los eventos de precipitación de Europa, aparentemente la comunicación y la respuesta a esta información pudieron haber sido mejores”, enfatizó el investigador.

Durante la última semana, el Presidente Sebastián Piñera anunció la creación de una nueva institucionalidad dedicada a la prevención y gestión de riesgos de desastres. Al respecto, la Dra. Delgado comentó: “Sin duda es un avance para un país como Chile, que sufre permanentemente de estos desastres provenientes de la naturaleza o del hombre. Llega un poco tarde eso sí, pues demoró casi 10 años en tramitarse y tuvo varias versiones. Su mejor acierto”, reconoció la académica, “es no solo concentrarse en qué hacer cuando el desastre está ocurriendo o ya ocurrió, dejando daños y pérdidas en vidas humanas, materiales y ambientales, sino, además, en cómo gestionar los riesgos y actuar de manera preventiva, coordinando por cierto a muchísimas instituciones, lo que no es tarea fácil”. La iniciativa, finalizó Delgado, está en la línea de la publicación, en marzo de este año, de la Política Nacional para la Reducción del Riesgo de Desastres 2020-2030, además de asumir compromisos internacionales como el Acuerdo de París, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y la Nueva Agenda Urbana Hábitat III.

“El desafío climático global al cual nos enfrentamos no tiene precedentes y demanda acciones proactivas y preventivas potentes y transformadoras. Es momento de escuchar atentamente a la ciencia y a las soluciones que provienen de distintas disciplinas del conocimiento. Tendremos que transformar nuestra relación con la naturaleza, la matriz energética mundial, la manera de concebir nuestras ciudades e incluso el aparato legal de la sociedad”, concluye el Dr. Ronald Mennickent Cid, director de Investigación y Creación Artística de la UdeC.

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