«Centrales a carbón: legislar con sentido de emergencia» por Andrea Rudnick

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    Columna de opinión de Andrea Rudnick, directora ejecutiva del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2. Publicada en El Mostrador.

    Actualmente se discute en el Senado el proyecto de ley marco de cambio climático, que plantea como objetivo alcanzar la neutralidad de emisiones de gases de efecto invernadero al 2050, además de reducir la vulnerabilidad y aumentar la resiliencia al cambio climático.

    En la antesala de dicho proyecto de ley, se logró un acuerdo voluntario entre el Ejecutivo y las empresas de generación eléctrica para un cierre programado y definitivo de las centrales a carbón al 2040. Por su lado, la sociedad civil ha presionado con fuerza para adelantar la fecha, resultando en la presentación de un proyecto de ley en la Cámara que propone el cierre al 2025.

    Esta anticipación ha sido criticada por algunos sectores, ya que no cuenta con el respaldo de una evaluación técnico-económica robusta. Valoran, en cambio, el acuerdo voluntario al 2040 que se sustenta en evidencia técnica, implica un costo fiscal cero y es resultado de un proceso de diálogo multiactor.

    Por el contrario, otros respaldan el adelanto del cierre de centrales, argumentando lo injusto que es esperar 20 años más para reducir la contaminación en las zonas afectadas, el insólito pago a las centrales por el Estado de Reserva Estratégica, y la falta de ambición y voluntad de los acuerdos entre empresa y Ejecutivo.

    Este es solo un ejemplo de la difícil tarea de tomar decisiones en tiempos de profundas transformaciones. Los problemas complejos tienen muchas interconexiones y, por ende, su abordaje requiere una comprensión más profunda. En este caso, no se trata solo de reducir emisiones de gases de efecto invernadero ni tampoco del impacto en los precios de la energía. La solución no es lineal, es decir, no por contar con análisis exhaustivos y procesos participativos se tiene el resultado asegurado, sino más bien es un asunto intrincado que requiere balancear las necesidades y derechos de las comunidades con la transformación de los empleos y la transición que requieren las empresas.

    Asimismo, se requiere fortalecer la construcción de confianzas y la credibilidad, desarrollar relaciones auténticas y duraderas entre empresas y sociedad y complejizar los acuerdos entre las partes, incluyendo alternativas flexibles, creativas y atrevidas.

    El proyecto de ley marco nos entrega una oportunidad concreta de avanzar en el complejo problema del cambio climático, al plantear el objetivo de carbono neutralidad al 2050, junto con un mecanismo de aumento de las metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero cada 5 años, sin regresión, y basado en los principios preventivo, precautorio y de equidad. A su vez, plantea un marco de reporte y transparencia anual que permitirá monitorear el cumplimiento de las metas, la rendición de cuentas y las responsabilidades asignadas.

    El compromiso de combatir el cambio climático y sus impactos no tiene color político y es una tarea urgente, dado que los daños y pérdidas asociadas solo se incrementarán en el tiempo.

    Por tanto, a 5 años del aniversario del Acuerdo de París, pandemia mediante y con miras a una recuperación socioeconómica sostenible, es muy relevante lograr una tramitación exitosa del proyecto de ley marco de cambio climático con el sentido de alarma y emergencia que este problema complejo nos impone.