El vital monitoreo del ecosistema subantártico ante el cambio climático (La Prensa Austral)

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Son actores primordiales de la regulación de los gases por efecto invernadero y hoy se convierten en aliadas importantes para que los investigadores puedan monitorear los efectos del cambio climático y cuánto están incidiendo en ello. Son los ecosistemas de la Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos y que en isla Navarino son monitoreadas por los investigadores del Centro Internacional Cabo de Hornos (Chic), un proyecto basal financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (Anid).

El grupo es liderado por Frédéric Thalasso, quien explica que participa en la línea 1 del Chic llamada “Centinelas del Cambio Climático” y que dirige el grupo encargado del balance de gases de efecto invernadero en los ecosistemas subantárticos. “En la región subantártica se desconoce todavía el balance de emisiones o captación de gases de efecto invernadero en los ecosistemas acuáticos, forestales y humedales, incluyendo las turberas”, explica el investigador.

El proyecto se enfoca en estos tres ambientes ecosistémicos y buscan establecer cuántos gases emiten o captan esos ecosistemas, conociendo por ejemplo que un determinado ambiente puede captar dióxido de carbono (CO2), que es el primer gas de efecto invernadero, y al mismo tiempo emitir metano (CH4), que es el segundo gas de efecto invernadero más importante. “Cada ecosistema actúa de forma diferente con relación a los gases de efecto invernadero, y son altamente variables, tanto espacialmente como temporalmente”.

Para ello, desde febrero pasado, el grupo inició sus estudios de gases de efecto invernadero en los ecosistemas de la región. Empezaron por los localizados en el Parque Etnobotánico Omora. En particular, un equipo conformado por Jorge Pérez Quesada (UChile), Francisco Aguirre (Umag), Camilo Quidel (Umag) y David Trejo (UChile), todos ellos miembros del Chic, instalaron sensores en el bosque y en una turbera del Parque Omora. Esos sensores, son torres llamadas “de Eddy Covarianza” que miden diez veces por segundo los vientos y la concentración de gases de efecto invernadero. Instalados en colaboración con el Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), “permiten medir en continuo y de forma permanente, la cantidad de CO2 y de CH4 que el ecosistema emite o captura, ofreciendo una visión global del comportamiento de esos ecosistemas, con una resolución temporal inigualable. Es como sentir el pulso de esos ecosistemas, en directo”, destaca Frédéric Thalasso.

A la par, otro equipo del mismo grupo, conformado por Armando Sepúlveda (Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia CR2), Brenda Riquelme, Roy Mackenzie, Andrés Gómez y Frédéric Thalasso, todos ellos miembros del Chic y de la Universidad de Magallanes, desarrollaron métodos que permiten cuantificar el intercambio de gases de efecto invernadero en turberas.

“Desarrollamos métodos, que nos permiten conocer de forma precisa la emisión o captura de gas en un punto determinado de las turberas, lo cual es necesario para entender los mecanismos implicados en el intercambio de gases de efecto invernadero”, explica Armando Sepúlveda. Por ejemplo, “estamos viendo la relación entre las emisiones y la hidrología, la composición de la flora u otros parámetros en el lugar” destaca Brenda Riquelme.

“La complejidad de las turberas requiere, para entenderse, conjuntar los esfuerzos de varios expertos de diferentes ramas de la ciencia” recalca Frédéric Thalasso, al mencionar la participación del grupo del investigador Chic y experto en turberas Jorge Hoyos (Umag), quién colabora con el limnólogo Brian Reid del  Centro de Investigación en Ecosistemas de la Patagonia (Ciep) para entender la dinámica hidrológica de las turberas y con Alejandro Miranda (UChile), experto en detección remota, de sumo interés para poder generalizar los estudios a escala geográfica.

Para todos los investigadores de este grupo Chic, las tuberas son las más importantes para Chile como Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN). Esta visión, que contabiliza los servicios ambientales que nos proveen de forma natural los ecosistemas, recalca que “las turberas de Chile contienen casi 5 veces más carbono almacenado que todos los bosques de Chile, y deben protegerse, impidiendo que se consideren como una fuente de carbono fósil”, enfatiza Jorge Hoyos.

El objetivo final del grupo es poder establecer el papel de los ecosistemas en el balance de gases de efecto invernadero, a nivel nacional. Es extremadamente complejo y es un trabajo titanesco, pero “estamos empezando y confiamos de que, poco a poco y con el apoyo de los expertos del grupo, podremos entender el complejo comportamiento de los ecosistemas, dilucidar los complejos mecanismos involucrados y generalizar nuestras observaciones al territorio nacional”, concluye Frédéric Thalasso.

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