«Hacia la década de los Océanos» por Laura Ramajo

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Columna de opinión de Laura Ramajo, investigadora del (CR)2 y del Centro Científico CEAZA. Publicada en Par Explora Coquimbo.

Estos días se están discutiendo en Lisboa (Portugal) importantes aspectos sobre la protección y conservación de los océanos en el marco de la Conferencia del Océano 2022 de Naciones Unidas. Esta reunión, que reúne a cientos de científicas y científicos, actores gubernamentales, y sociedad civil, busca decidir como abordar la hoja de ruta para un desarrollo sustentable, transformar la relación histórica y no sostenible entre los humanos y los océanos, y disminuir los impactos del cambio climático a través de la impulsión de soluciones innovadoras basadas en ciencia.

¿Pero, por qué son importantes los océanos? O mejor dicho ¿Cómo podrían no serlo si cubren el 71% de la superficie terrestre y contienen el 97% de agua del planeta? Y por lo tanto, ¿Cómo pensar que no tienen una función clave en el sustento de la vida, en el clima, en nuestro día a día? ¿Cómo esconder que entre el 40 al 60% de la población mundial vive en zonas costeras? ¿Cómo olvidar la cantidad de beneficios que nos entregan y usos que le damos?

Los beneficios que entrega la naturaleza son llamados “servicios ecosistémicos” o “contribuciones de la naturaleza” y se pueden agrupar en servicios de provisionamiento, de soporte y regulación, y culturales. En el caso particular de los océanos y costas, estos proveen alimento, medicinas, materiales, y energía, pero además proveen hábitats para las especies marinas y la especie humana, regulan el clima, regulan la calidad del aire y del agua, disminuyen los efectos de eventos extremos como marejadas, y  proveen de espacios para recreación, y el desarrollo de actividades culturales y religiosas. Lamentablemente, estos servicios y beneficios ya están en peligro de desaparecer o verse disminuidos por diversas amenazas, muchas de ellas climáticas pero otras que son generadas por actividades humanas de diferente naturaleza.

¿Cómo conservar, proteger y recuperar nuestros océanos y costas? Hace unos días atrás se pudo leer en la cuenta de Twitter de António Guterres, Secretario General de Naciones Unidas, “Pido disculpas a la juventud en nombre de mi generación por no haber protegido el océano. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos de esta semana será clave para encontrar formas de #SalvarNuestrosOcéanos en beneficio de las personas y el planeta. Cuento con la fuerza, el dinamismo y la acción de los jóvenes para rescatar nuestro planeta”.

Pero, ¿por qué esta declaración y esta gran disculpa? Porque la realidad es que hasta hace muy poco el océano no era parte de importantes discusiones y decisiones políticas sobre el desarrollo sustentable y el cambio climático. Siempre fue el gran olvidado. Sin embargo, en 2019 hubo un importante cambio. La COP25 que lideró Chile fue llamada la COP Azul (Blue COP) y fue un momento clave de lo que hoy estamos viviendo en cuanto al desarrollo de políticas a nivel mundial, nacional, regional y local.

Y Chile es pionero y avanza en la dirección correcta. El último reporte del IPCC en Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad indica que Chile es el primer pais de América Central y del Sur, seguido por Guatemala y Brasil, que más metas tiene incorporadas en sus planes de adaptación al cambio climático, metas principalmente focalizadas en la investigación y el monitoreo, cambios en la legislación y generación de políticas, así como en la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad.

Tampoco, hay que olvidar los compromisos que Chile hizo en su actualización de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés) en 2020, nuestros compromisos mundiales en el marco del Acuerdo de Paris, donde se compromete a proteger para el 2030 al menos del 10% de las ecoregiones marinas actualmente sub-representadas, a proteger antes del 2025 al menos 20 humedales costeros, y 10 más para el 2030 como nuevas areas protegidas, así como a generar planes de manejo o administración para todas las áreas marinas protegidas creadas antes del 2020. ¿Es suficiente? Probablemente, no. ¿Es necesario una mayor ambición? Si, pero vamos en buen camino.

Definitivamente, las decisiones y acciones que se tomen estos días en Lisboa aportarán a la Década de los Océanos, un marco común de trabajo a nivel mundial que busca diseñar e implementar soluciones científicas oceánicas transformadoras para el desarrollo sostenible donde el objetivo es tener un océano limpio, sano y resistente, productivo, previsto, seguro, accesible e inspirador y atractivo. Sin duda, objetivos muy ambiciosos que se deben cumplir para el año 2030, pero que aseguran el bienestar del planeta, de millones de especies incluyendo la nuestra, y es especialmente importante para un país como Chile que tiene más de 6.000 km de costa.