La revolución de los científicos: “Si no nos ponemos las pilas vamos derecho a una hecatombe climática” (Revista Doble Espacio)

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El pasado 4 de abril se dio a conocer un nuevo informe del Panel Intergubernamental sobre el  Cambio Climático (IPCC) que incrementó la preocupación y urgencia entre la comunidad científica del mundo y también en Chile sobre la crisis climática. Los científicos salieron a las calles en más de 20 países tras las graves conclusiones del reporte que -entre sus puntos más críticos- señala que para 2050 la Tierra será inhabitable. Doble Espacio investigó el tema y conversó con especialistas nacionales sobre esta dramática sentencia.

Por Bárbara Paillal y Camila Castillo

El pasado 22 de abril se conmemoró un nuevo “Día Internacional de la Madre Tierra”, una jornada que tiene por objetivo crear conciencia sobre la sobrepoblación, la conservación de la biodiversidad y la contaminación. Sin embargo, para la comunidad científica estas fechas conmemorativas no son suficientes y decidieron pasar a la acción. Tan solo unas semanas antes en las afueras del Banco JP Morgan Chase, ubicado en Los Ángeles (EE.UU), Peter Kalmus, científico de la NASA, se encadenó a las puertas del edificio y entre lágrimas dio un discurso que recorrió el mundo: “Estoy aquí porque los científicos no están siendo escuchados. Estoy dispuesto a arriesgarme por este hermoso planeta y hemos estado tratando de advertirles durante tantas décadas que nos dirigimos hacia una catástrofe”.

Las palabras de Kalmus representan el sentimiento de científicos de 27 países del mundo, encarnado en el movimiento Scientist Rebellion, quienes del pasado 4 al 9 de abril, hicieron un llamado a la desobediencia civil frente a la inacción política contra el cambio climático, bajo la consigna “Revolución climática o lo perderemos todo”.

La fecha elegida para las manifestaciones no fue casual, ya que aquel lunes 4 de abril fue publicado el último informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), el que sentenció que para el 2050 la Tierra sería inhabitable si no reducimos las emisiones de carbono: un gas incoloro, inodoro y causante principal del calentamiento global.

La evidencia científica indica que las medidas adoptadas para enfrentar el cambio climático por los gobiernos, entre ellos el de nuestro país, no son suficientes. Hoy, David Morales, miembro del Centro de Cambio Global de la Universidad Católica (UC) y experto en información espacial, geográfica y climática, se refiere a este momento crítico que vive nuestro planeta y dice que “si no nos ponemos las pilas, vamos derecho a una hecatombe climática”, cuya problemática es que afectaría a la población que menos capacidad de adaptación tiene a esos cambios, es decir, a los más vulnerables.

¿Qué le pasa a nuestro planeta?

Veranos más calurosos e inviernos más fríos pero con menos lluvia, derretimiento de glaciares, mayor cantidad de fenómenos naturales, extinción de especies, entre muchas otras situaciones son las que han conllevado la crisis climática en todo el mundo. Ante esto, Diego González, especialista en análisis, datos espaciales y modelación climática del Centro de Cambio Global UC, afirma que “algunos aspectos de nuestro clima no van a volver a como estaban antes”.

Laura Gallardo, profesora titular del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile, socia fundadora e investigadora del Centro del Clima y la Resiliencia de la misma casa de estudios y autora del último informe del IPCC, complementa que “hay cambios en el clima comprometidos por muchas décadas, cientos de años incluso, llegando al milenio, y se refiere a -por ejemplo- los cambios comprometidos en la temperatura del mar, es decir, el nivel del mar va a estar cambiando”.

Incluso, la especialista no descarta que la pandemia del Sars-Cov-2, que ha provocado la muerte de casi 15 millones de personas en el mundo, se relacione también con el cambio climático, ya que “nuestro efecto sobre ciertos ecosistemas ha significado nuestra propia exposición a otro tipo de virus respecto de los cuales no estamos particularmente preparados”.

Así como los efectos de la crisis climática se han visto por todo el mundo, Chile no es la excepción. Según Matías Asun, director de campañas de Greenpeace,  nuestro país “ha sido uno de los que más rápido ha llegado a un nivel de urgencia y percepción respecto a la crisis climática”.

Para David Morales esta urgencia es mucho más evidente en ecosistemas asociados a presiones climáticas, y agrega que la desertificación es un efecto de aquello, además de ser “uno de los principales causantes de pérdida de biodiversidad en el país”. Un evento que estaría presionando tanto a especies animales como vegetales, pero donde las últimas serían las más perjudicadas.

Las costas de Chile también se estarían viendo particularmente afectadas por la situación climática actual, ya que para Morales el incremento del nivel del mar es importante, sobre todo cuando el territorio nacional abarca más de 6 mil 400 kilómetros de mar. “Tres centímetros de incremento del mar hace que desaparezca una playa completa, y ya algunos modelos proyectan 5 centímetros de incremento”, afirma el especialista.

Esta afectación en las costas de nuestro territorio son solo una muestra de los cambios climáticos comprometidos, y donde el ser humano y sus formas de producción y consumo son los principales responsables.

Industrias ¿Los mayores contaminadores?

Para Laura Gallardo, como ciudadanos es nuestro deber contribuir con acciones para frenar el cambio climático, ya sea cuidando el medio ambiente o desde el activismo. “El involucramiento de los ciudadanos y las ciudadanas es absolutamente fundamental aquí”, afirma la académica, aunque asegura que “algunos y algunas tenemos que disminuir mucho más que otros”.

Los principales responsables de la crisis climática que azota a nuestro planeta, según los especialistas, son las grandes industrias, como la ganadera, de combustibles fósiles o textil, minera  por nombrar algunas.

Según datos recopilados de Greenpeace, la industria ganadera es responsable de la emisión de un 14,5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, un equivalente a todos los gases tóxicos que emiten autos, trenes y aviones juntos.

Por otra parte, la industria de los combustibles fósiles, considerados parte de las mayores fuentes contaminantes, ha aumentado sus emisiones de gases tóxicos en un 62% desde 1990 a 2019. Y fue responsable -además- de la muerte de más de 8,7 millones de personas alrededor del mundo en 2018, según un estudio de las universidades de Harvard, Birmingham, Leicester y el University College London.

En el caso de la industria textil, Greenpeace señala que, sólo en cuanto a su producción, sería responsable de un 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero. La contaminación de esta industria es tal, que incluso lavar prendas provoca que miles de toneladas de microplásticos desemboquen en el mar y terminen dañando el ecosistema marino. Sin embargo, pese a que la compra y venta de vestuario aumenta día a día, se estima que un 73% de la ropa producida terminará incinerada o en basureros, generando una contaminación atmosférica y terrestre.

Las grandes cantidades de gases tóxicos que se desprenden de estos rubros obliga a que las instituciones dejen de trasladar la responsabilidad a las personas y se enfoquen en los peces gordos. Para la vocera del Movimiento de Defensa por el Acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente (MODATIMA), convencional por el distrito 6 y miembro de la Comisión de Medio Ambiente, Carolina Vilches, enfrentar la crisis climática “pasa también por enfrentar un modelo económico de despojo y extractivistas, depredador de naturaleza”.

Asun, por su parte, señala que reducir los gases de efecto invernadero es solo una parte de la solución y que la promoción de la biodiversidad debe ser una tarea fundamental desde ya. “El planeta depende no solo de que no le tiremos más gases, también depende de la salud de los ecosistemas que resultan fundamentales para su resiliencia y su adaptación”, sentencia.

Frente a esto, las medidas del nuevo gobierno, del reciente electo presidente Gabriel Boric, serán cruciales respecto a la crisis climática que azota al mundo y al país, por lo que Vilches señala “la pregunta es: ¿Está dispuesto el gobierno realmente a tocar los intereses del empresariado? O, ¿vamos a seguir con medidas parche?”.

Basural en medio de la naturaleza. Foto de Leonid Danilov.

Gobierno ecológico

El pasado 11 de marzo, el presidente Gabriel Boric dio inicio al que espera sea “el primer gobierno ecológico en la historia de nuestro país”. Compromiso que asumió durante su campaña presidencial y que, en parte, materializó durante sus primeros días en ejercicio con la firma del proyecto de ley para solicitar la adhesión al Acuerdo de Escazú, primer tratado regional de América Latina y el Caribe, que busca garantizar el acceso a derechos ambientales.

“Nos hemos demorado más de la cuenta en firmar este acuerdo”, declaró el presidente Gabriel Boric el 18 de marzo en el patio de Los Naranjos, haciendo referencia a la negativa del gobierno de Sebastián Piñera quien rechazó el acuerdo en 2020 apelando a la “ambigüedad” del texto y al temor a demandas internacionales.

Dicha adhesión fue valorada por la comunidad científica y generó expectativas tanto en la administración de Boric, como en su ministra del Medio Ambiente, la física y académica Maisa Rojas. “Son pasos que dan un poco de esperanza de cómo el poder político está empapándose en el tema del cambio climático”, aseguró Diego González, aunque lamenta que esta no sea una tendencia mundial.

“La política todavía sigue un poco descabezada y es por eso que estos movimientos, que últimamente han salido, han tratado de poner en la palestra la exigencia de que los gobiernos traten la crisis climática como una crisis”, expresó.

Al margen de esas señales, ahora el cuestionamiento se centra en la habilidad del gobierno de Gabriel Boric de implementar las medidas propuestas en su programa de Medio Ambiente. Así lo cree Matías Asún: “La realidad es que la declaratoria es muy bonita, pero hay que sopesarlo en función de los compromisos prácticos reales”.

Uno de los grandes desafíos que tendrá que asumir la cartera de Medio Ambiente será implementar la Ley Marco de Cambio Climático -aprobada en el gobierno de Sebastián Piñera- que establece una meta de carbono neutralidad para el año 2050, es decir, reducir las emisiones de gases invernadero a cero.

Esta ley, según González, podría haber sido más ambiciosa pero es un paso importante. “Nos obliga legalmente como Estado a cumplir por lo menos nuestros compromisos internacionales con respecto al Acuerdo de París”, afirma. Dentro de la comunidad científica esperan que esta normativa entre en vigor lo más pronto posible, luego de que el Tribunal Constitucional le diera el visto bueno y esté en condiciones de ser promulgada por el Ejecutivo.

Sin embargo, desde Greenpeace afirman que un “gobierno ecológico” no solo debería hacerse cargo de la mitigación de gases de efecto invernadero, sino del cuidado de los ecosistemas críticos como glaciares, humedales, salares, bosques y -particularmente- fiordos patagónicos.

“Cosas como esas son las que, desde el punto de vista del contenido, van a poder permitir sopesar ¿qué es un gobierno ecológico?, porque los desafíos son esos”, afirma Asun, quién asegura que estarán exigiendo que eso se cumpla.

Desafíos que para muchas y muchos también tiene la actual Convención Constitucional donde se está debatiendo el informe de reemplazo de la Comisión de Medio Ambiente, además del reconocimiento de la actual crisis climática. Un debate donde los temas sobre el estatuto constitucional de las aguas, de los minerales y el modelo de uso y extracción de estos son fundamentales.

Convención: Reconocimiento de la crisis climática y boicots del empresariado

Es en el ex Congreso Nacional donde están puestos los ojos de activistas y organizaciones ambientales. Un artículo en particular que está dentro del borrador de la Nueva Carta Magna ya hace referencia a la crisis climática y plantea que “es deber del Estado adoptar acciones de prevención, adaptación, y mitigación de los riesgos, vulnerabilidades y efectos provocados por la crisis climática y ecológica”.

Piso mínimo que, según la convencional Carolina Vilches, ha sido una lucha constante, ya que expresa que “hemos tenido un asedio mediático y un hostigamiento de representantes gremiales de la agroexportación en la Comisión en audiencias públicas, específicamente me refiero a (Juan) Sutil en este sentido, y no ha sido fácil porque cada semana nos caricaturizan las normas, nos tratan de utópicos y nos han bloqueado la votación de los informes”, declara.

En esto último hace referencia a la primera votación del segundo Informe elaborado y presentado al pleno por la Comisión de Medio Ambiente que fue rechazado en general. Texto que tenía importantes avances en principios económicos, estatutos de bienes comunes naturales como la criosfera, los suelos, humedales, entre otros, y, por supuesto, la gobernanza de las aguas.

Ante esto, durante esa misma jornada un grupo de “ecoconstituyentes’ indicaron al Colectivo Socialista como los principales culpables, que fueron parte de los 46 votos en contra del informe. “Yo me lo tomo como parte del boicot, parte también del negacionismo de lo que es la crisis ecológica y ambiental, parte de la indiferencia y la indolencia con lo que les duele a la comunidad afectada por el mercado del agua”, afirmó la convencional.

Pese a ese traspié, el sábado pasado el informe volvió a ser sometido a votación por el pleno y 16 de 35 artículos lograron ser parte del borrador.

Al margen de esto, el trabajo de la Convención en materias medioambientales es valorado por Greenpeace. “Ya es un conjunto de buenas noticias que la constitución reconozca la crisis climática en el texto borrador aprobado y que se haga cargo -además- de un modelo de transición hacia una gestión hídrica más adecuada por los cuidados de la naturaleza y -particularmente- por los cuidados de las economías locales”, cree Matías Asun.

Desde el Centro de Cambio Global UC son cautos al respecto y, aunque tienen expectativas, creen que la Convención Constitucional tiene un componente muy político que podría frenar que las normas queden plasmadas como espera la ciudadanía. “Si no llegamos a buen puerto desde el punto de vista constitucional, la reforma es el camino”, afirma David Morales.

¿A qué nos enfrentamos si no hacemos algo?

Las consecuencias de no actuar lo antes posible son innumerables y los científicos proyectan que estas se verían en el corto plazo, si los gobiernos, industrias y ciudadanos no realizan cambios significativos en su manera de relacionarse con el medio ambiente.

“Lo que nos están diciendo los científicos es que estamos enfrentándonos en un futuro cercano, en el marco de una generación o menos, una década, a evidenciar niveles de impacto, sobre los desequilibrios ecológicos globales, que se van a traducir no solo en una masiva extinción de especies, sino en niveles de sufrimiento nunca antes vistos en la historia de la humanidad”, asegura Asun.

Para David Morales el trabajo para revertir algunos de los efectos de la crisis climática es a contrarreloj y advierte que “en el corto plazo, entiéndase de aquí al 2025-2030, hay ciertas certezas de cambios asociados a variables climáticas, como disminución de precipitaciones y aumento de temperatura que son para Chile principalmente. Pero uno avanza por sobre ese año y llega a 2050 y la incertidumbre aumenta”.

Por su parte, Laura Gallardo es enfática en decir que estamos en momentos críticos y que los cambios son profundos, ya que todos aquellos efectos que se han ido desencadenando tienen un efecto cascada, como la mega sequía que afecta a nuestro país, por ejemplo, ya que “eso significa que ciertas plantas empiezan a alcanzar niveles de estrés tal que empiezan a emitir otros gases. Eso -a su vez- afecta a gases de efecto invernadero como el ozono. Eso acelera el calentamiento del planeta, lo que significa mayor probabilidad de producir partículas que contaminan y termina afectando -también- nuestra salud y seguridad alimentaria, tanto por el tipo de cultivo que se pueden tener como porque algunas plantas y alimentos se producirán con un menor valor nutritivo”.

En esa línea, González agrega que otra consecuencia para los seres humanos es que la misma sequía irá avanzando por el país, lo que ocasionará grandes problemas en los asentamientos y actividades económicas como la agricultura, generando los llamados “migrantes climáticos” en menor escala aún. “La migración por concepto de cambio climático es algo que estamos viendo ya en Chile con la gente y las parcelaciones que existen en el sur”, dice el especialista.

Para los científicos, la inacción política frente a la crisis climática y sus potenciadores es una necesidad de suma urgencia si queremos seguir habitando la Tierra. Desde Greenpeace, Asun sentencia que “un mundo más ecológico es un mundo más democrático, donde no hay personas de sacrificio ni zonas de sacrificio, donde no tenemos que sacrificar a nadie o comunidades enteras con tal de poder encender la ampolleta, que es -de alguna manera- la forma en que nos desarrollamos como país”.

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